Una concatenación de noticias demuestra el giro militarista en nuestro país y la región de la mano de la alineación con los EE.UU. Esto acontece en la Argentina en particular y en la Patria grande latinoamericana en general. Aún siendo de suma importancia para la sociedad, no forman parte de la agenda y los debates, tapadas por los vaivenes económicos y las cortinas de humo.
Centrándonos solamente en el mes de mayo de 2018 (sería muy extenso mencionar todos los acontecimientos relacionados con el tópico desde el vuelco derechista en Sudamérica) se puede verificar como desde un sector del poder político-económico (donde se ubican los medios de comunicación como voceros) se instala la idea de que es necesaria una mayor intervención de las Fuerzas Armadas en la seguridad interior, retomando la doctrina de seguridad nacional de los años `70.
Esta doctrina, pergeñada por Henry Kissinger durante la presidencia de Richard Nixon, establece la participación de las Fuerzas Armadas en la represión interna de cada país de los grupos supuestamente subversivos. En Latinoamérica esto derivó en las dictaduras cívico-militares y el Plan Cóndor.  Hoy en día, con la gestión de Donald Trump y el retorno de los halcones al poder en EE.UU., nuevamente vuelve la retórica de un mundo bipolar como el de la Guerra Fría donde quienes se opongan a los intereses norteamericanos formarán parte de un bando enemigo a aniquilar.
Pero hablemos sobre los hechos. Comencemos por la primera semana del mes. El 7 de mayo Clarín difundió una encuesta según la cual (cito textual al diario) “En Brasil baja el apoyo a la democracia y crece el respaldo a un golpe militar. Una encuesta indicó que el 46% justifica un golpe militar para enfrentar la corrupción”.
Luego, el 9 de mayo la ministra de Seguridad Patricia Bullrich sostuvo que “No hay más sometimiento de las fuerzas de seguridad, ni a la Justicia, ni a la política” y defendió el accionar de Gendarmería en la muerte de Santiago Maldonado. Lo hizo en un contexto pleno de simbología: una reunión del Rotary (club elitista pronorteamericano) en el Jockey Club.
Ese mismo día durante una entrevista al vicepresidente de EE.UU. Mike Pence le preguntaron si en Venezuela la intervención militar es posible, a lo que respondió que “Estados Unidos no mirará a un lado mientras Venezuela se derrumba por la dictadura (…) el presidente Trump está completamente comprometido con hacer lo que sea necesario”. Cabe recordar que en concordancia con los preceptos de Trump ningún presidente de la nueva derecha natansoniana de la región reconoció la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales venezolanas, otorgando tácitamente apoyo a cualquier invasión.
Sobre fin de mes sobrevinieron tres noticias fuertísimas pero ninguneadas por la opinión pública. El 22 de mayo Clarín informa que EE.UU. “construirá una base de ayuda humanitaria en Neuquén” (vaya oxímoron) y que será cerca del yacimiento petrolífero de Vaca Muerta. Los cinéfilos recordarán la película État de siège (Estado de sitio) donde Costa-Gavras explica cómo bajo la cortina de la “ayuda” (mediante la USAID) se brindaba apoyo logístico y de entrenamiento a los militares uruguayos durante la dictadura.
Y como corolario llegó el 26 de mayo. Ese día el presidente colombiano Juan Manuel Santos, a horas de las elecciones presidenciales, condicionó a su sucesor informando que Colombia será el primer país latinoamericano que ingresará como socio global a la OTAN. No es un dato menor que un país costero, vecino a Venezuela, que ya tiene bases militares norteamericanas, se sume al brazo militar internacional liderado por EE.UU.
Ese mismo día, La Nación, el principal operador mediático de la derecha rancia, sostuvo que desde el gobierno de la Alianza Cambiemos Evalúan que las Fuerzas Armadas intervengan en seguridad interior”. Un día antes cerca de un millón de personas se habían manifestado contra el acuerdo con el FMI y la política económica.
Ficción en la realidad, realidad en la ficción
Hay una realidad: El creciente malestar social cada día se manifiesta más crecientemente en la calles. Y el ajuste neoliberal no cierra sin represión. Lo vivimos acá, lo vivieron en España y Grecia, lo viven en Brasil, en este último caso con la militarización del espacio público y las ejecuciones de políticos opositores más la prisión de Lula.
Hay varias mentiras: El relato oficialista (liderado por Lilita Carrió) que establece un peligro inminente de golpe de Estado pergeñado por grupos kirchneristas armados. El enemigo interno identificado como la RAM y los grupos anarcotroskokirchneristas (sic) inventado desde el Ministerio de Seguridad. Las puestas en escena de la “lucha contra el narcotráfico” que sustentan la interminable compra de armamento a EE.UU. e Israel.
En la ficción de Hollywood podemos encontrar la explicación a la lógica militarista estadounidense, precisamente en el cine catástrofe. Tomemos como ejemplo Godzilla (aunque la mayoría repite la construcción retórica). En esa película un monstruo generado en Oriente por culpa de ensayos nucleares franceses ataca la ciudad de Nueva York que era gobernada por un político corrupto. La salvación llega de la mano de la intervención militar que establece el control total de la ciudad. Y final feliz.
Así y todo, Godzilla o los alienígenas de Día de la Independencia son más reales que los grupos anarcotroskokirchneristas.
Por: Nacho Otegui