Una cuarentena a raíz de una pandemia es un caldo de cultivo ideal para el malestar social. Para esto los grupos concentrados de poder tienen en las fake news (noticias falsas) un arma difícil pero no imposible de contrarrestar.  

Las fake news son una herramienta que funciona como una aguja hipodérmica en las emociones alimentando y fortaleciendo odios y prejuicios establecidos en la persona. Utilizar una pandemia tiene un ineludible efecto emocional. La razón pierde por goleada ante los factores que entran en juego generando inestabilidad en lxs sujetxs suceptibles de alienación. Inseguridad, incertidumbre, miedo, son todos motores primarios para generar presión y desconcierto entre la ciudadanía.

Las noticias falsas no son una novedad. En la Historia hay ejemplos cuantiosos de su utilización por parte del poder para ejercer control social o justificar decisiones. En el siglo XX el nazismo las utilizó para llegar al poder y EE.UU. hizo lo propio para ir a la guerra en Vietnam o invadir Irak, por citar ejemplos notorios.

Pero en el siglo XXI las fake news mutaron y aumentaron su letalidad al encontrar en las redes sociales su vía de contagio ideal. Previamente los grupos concentrados contaban con sus medios de comunicación adictos para propagar las falsedades. Pero ahora, con el uso intensivo de las redes sociales, la infodemia tiene en cada unx de lxs ciudadanxs un portador del virus. 

Rompa el aislamiento

En junio de 1976 Rodolfo Walsh crea Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) pensada como un medio para denunciar la represión cotidiana de la dictadura. Anticipando la vacuna contra las noticias falsas, Walsh decía, nos decía que “el terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror”. 

En efecto, la alienación informativa social permite que las emociones se impongan ante la realidad y la razón. Y las fake news refuerzan el prejuicio y el miedo preexistente. Por eso la persona alienada, sin sentido de pertenencia colectivo, sin voluntad de contrastar con la realidad sus prejuicios, es el portador ideal del germen. Las noticias falsas que le llegan a su Whatsapp o que se replican en su muro de Facebook son la munición que alimenta su odio e ira como elementos motivadores. 

A diferencia del COVID-19 con la infodemia hay que romper el aislamiento, saltar el cerco. Es la única manera. Porque con las fake news todo vale. Hasta lo más bizarro. Rumores afiebrados dignos de un guión de Monty Python como el que sostiene que “Cristina mandó a 50 mil planeros de La Cámpora a inocularse coronavirus en Tecnópolis para salir a contagiar a nuestros abuelos en la marcha del 7 de mayo”. O algunos conspiranoicos elaborados como si fueran una estrategia de Henry Kissinger: “Cristina mandó a liberar presos porque Alberto tiene más alta la imagen que ella”. 

No nos confiemos en la perspicacia. Hay personas que lo creen por más bizarro que parezca. Hay personas que siguen sosteniendo que “se robaron un PBI” y a “Nisman lo mató un comando venezolanoiraní”. Se preguntarán por qué tienen efecto si la realidad demuestra lo contrario. Y allí radica la potencia viral de las fake news: Lxs acusadxs no pueden demostrar algo que no han hecho, sobre todo algo tan ridículamente bizarro. Y si salen a dar explicaciones es un error gigantesco. Es dar entidad a una noticia más trucha que aportante a la campaña de Vidal. 

Siempre habrá quien crea que la falsedad es verdad. Las fake news apelan a la fuerza emotiva de una persona a la que no le interesa chequear o contrastar con la realidad. La psicología cognitiva lo llama exposición o percepción selectiva. Lxs sujetxs tienden a exponerse y percibir los mensajes que son afines a su sistema de creencias.  

Y además replican los gérmenes. Reenvían los whatsapps o comparten en su Facebook porque quieren sentirse informados y hacer saber eso (Aclaración: No quieren estar informados. Quieren sentirse informados). Por eso en las redes sociales los trolls de Peña y Bullrich con el apoyo de algunos periodistas han logrado una minoría que los apoya sin concesiones. Algo imprescindible para su accionar. “Hay algo que te enseñan tanto en el Ejército como en Goldman Sachs: consigue una minoría suficientemente sólida que sea inamovible” sostiene Steve Bannon, el ideólogo de las campañas de Donald Trump y Jair Bolsonaro. 

Lástima a nadie, maestro

Pero no hay que ser misericordiosos y penarse por quienes son carne de cañón de las fake news. “Lástima a nadie, maestro, pelealo, pero lástima, a nadie”, dijo Diego Maradona hace años. Y el arma para dar esta pelea es la inteligencia. Inteligencia para contrarrestar con realidad la mentira. “Rage, rage against the dying of the light” (“Enfurécete contra la muerte de la luz”), escribió otro poeta como Dylan Thomas. Y en este párrafo cerraremos citando a otro poeta: La única verdad es la realidad.  

Por Vasco Otegui